Imagina que un día pudieras concentrarte sobre una sola cosa, sin ningún tipo de interrupción, disfrutando de lo que haces plenamente. No hay nada más entre la acción y tú: ni pensamientos ni distracciones. Nada. Parece complicado, ¿verdad? El ruido externo es continuo y, además, vivimos en el siglo del bombardeo tecnológico: correos electrónicos, las notificaciones en las redes sociales, el whatsapp, etc. Se nos pide estar las veinticuatro horas de cada día de la semana conectados con el mundo pero, ¿cuándo lo hacemos con nosotros mismos?

El mindfulness es una práctica milenaria que tiene como fin centrarse en los objetivos del presente. Cuenta con más de 2.500 años de antigüedad y proviene del budismo Zen. La “atención plena” se aplica principalmente en terapias para tratar problemas asociados al estrés y al dolor crónico, ya que mejora el sistema inmune y, por ende, la calidad de vida. También es muy útil para quien sufre de insomnio pues, una vez asentado el hábito, permite calmar los sistemas de excitación del cerebro, mejorando la calidad del sueño.
Para quien lo practica, el mindfulness es algo más que un estado de paz y desasosiego; es una forma de vida, un determinado modo de enfrentarse a los retos y al día a día. Además, si de por sí eres un manojo de nervios no tienes por qué preocuparte: la atención también se entrena. Eso sí, los resultados son progresivos pero, a la larga, permiten tomar conciencia de cómo nos afectan las experiencias que vivimos, cómo respondemos y reaccionamos verbal y corporalmente en cada momento.
Dejar la mente en blanco y meditar es difícil pero no imposible. Lo importante es encontrar un lugar en el que te sientas cómodo, sin ruidos y con una iluminación que no te dañe los ojos. Puedes empezar haciendo ejercicios respiratorios e intentando que no lleguen pensamientos que te perturben. Si vienen tendrás que ser consciente de que están ahí, pero saber que ese no es su momento. Es la mejor forma de ahuyentarlos y sentir el presente. Y como proclamó el poeta romano Horacio: Carpe Diem.


